LA BASE DE TODOS NUESTROS CONFLICTOS ESTÁ EN NUESTRO "ANALFABETISMO"

 

    Un problema que se dramatiza, que se observa principalmente desde el prisma de buenos y malos, termina convirtiéndose en un conflicto, en el que en vez de colaborar todos para resolverlo se enfrentan unos contra otros, agrandando así el problema. Algo tan esencial para nuestra buena convivencia es ignorado por una educación que tiene marginado al estudio sobre nuestro comportamiento: salimos de nuestras escuelas y universidades siendo auténticos analfabetos de cómo generamos los conflictos. 

   Si queremos mejorar el mundo, tenemos que empezar por comprender por qué nos comportamos en nuestros problemas sociales de forma y manera que tendemos a restar en vez de a sumar: las perspectivas no nacen para luchar entre ellas, sino para sumarse y así ser más efectivas; este pensamiento debería de ser un principio fundamental de la democracia, no tiene sentido ser demócrata pretendiendo siempre que tu perspectiva sea la única verdadera y que, por lo tanto, no necesitas ninguna más.


Un problema evita convertirse en conflicto entre personas cuando éstas comprenden que orientando sus perspectivas de la manera adecuada, pueden sumarlas en vez de convertirlas en una fuente de disputas.





EL MÁS IMPORTANTE SABER DE NUESTRA EDUCACIÓN

 

    Negarnos la felicidad es fácil, hemos sido educados para ello, lo difícil es comprometernos para ser felices, un saber que curiosamente no apare en los temarios de nuestras escuelas. El camino a la felicidad comienza por comprender cómo generamos nuestros dramas y así dejar de ser meros personajes de ellos. Nos han enseñado inconscientemente a dramatizar la vida, ahora hemos de aprender por nosotros mismos a desdramatizarla. Los dramas no los causan los malos, ellos también son meros personajes de los mismos, sino nuestra ignorancia de cómo ser felices sin despojar a otros de su brillo o de sus bienes. Aprender a ser felices es el más grande saber que la educación ha de dar, pues a partir de despertar nuestro sentido de la felicidad será más fácil amarnos a nosotros mismos, cuidar los unos de los otros y evitar dañar a nuestro planeta: hay que empezar la casa por los cimientos y no por el tejado.


El gran reto educativo que está pendiente: educar para despertar en cada uno de nosotros nuestro propio sentido de la felicidad.



LA DEMOCRACIA NO EMPIEZA EN LOS VOTOS, EMPIEZA EN LA EDUCACIÓN

 

    Cuando no somos educados en el discernimiento y en el espíritu crítico, requerimientos esenciales para un ciudadano en una sociedad auténticamente democrática, solemos ver las mentiras que resuenan con nuestras frustraciones  y deseos como verdades. Este hecho es el que aprovecha todo tipo de populismos, tanto políticos como de opiniones en la red, para hacer de sus seguidores conversos a su  verdad.

   Democratizar una sociedad no es simplemente respetar la opinión de la mayoría, ya que esta opinión puede ser rehén de los engaños del populismo, sino democratizar su educación de forma y manera que sus ciudadanos no puedan ser engañados en base a sus frustraciones y anhelos: la democracia no empieza en los votos, empieza en la educación.


La democracia ha de ser un valor educativo esencial, que prepare a las personas no solo para saber dar su opinión sin imponerla y para saber escuchar a los demás sin prejuicios, sino también para celebrar que cada ser humano es una fuente de conocimiento y de alegría para todos los demás. 


  

EL MEJOR REGALO PARA NUESTROS HIJOS

   

    Quejarnos continuamente de la sed en un desierto no solo no nos  resuelve el problema, sino que, a través de nuestras emociones negativas, castigamos además a nuestro cuerpo con una  bioquímica venenosa, en definitiva: hacemos de un problema dos.

  Hemos sido educados para multiplicar nuestros problemas a través del victimismo y de sus correspondientes emociones negativas, de forma y manera que hacemos de la vida un drama en vez de un misterio a disfrutar. Nuestras emociones no han de agravar nuestros problemas, sino todo lo contrario: ayudarnos a superarlos. Una buena sabiduría emocional ha de proporcionarnos tanto lucidez mental como una bioquímica que favorezca nuestra salud ¿A qué esperamos pues para introducir la inteligencia emocional en la formación de nuestros educadores?, sería sin duda el mejor regalo para nuestros hijos.



 

 

LA UNIÓN ENTRE EDUCACIÓN Y CRECIMIENTO PERSONAL

 

  El crecimiento personal consiste en superar constantemente nuestra educación, para así ponerla a la altura de los descubrimientos que vamos haciendo tanto en nuestro mundo interior como en nuestro entorno, haciendo de esta forma de la educación un proceso cotidiano de nuestra vida. Esto conlleva no quedar atado a ninguna autoridad con la que hayamos crecido, un árbol no puede crecer libremente sometido a la sombra de otro.

     Educar sin liberar al alumno de la autoridad de esa misma educación es negarle su crecimiento personal, su libertad como ser creativo. El mundo del crecimiento personal y el de la educación han de converger en una Segunda Alfabetización, que garantice el autoconocimiento como un derecho humano.

     Querido lector: para que puedas vivir lo expuesto te invito a ver y a sentir la película-documental "Entre maestros", en la que se expone un camino de cómo llevar a la práctica la unión entre  educación y crecimiento personal.