HACIA UNA EDUCACIÓN DE LO ESENCIAL: LA ATENCIÓN

 
   Durante nuestra educación hemos ido cediendo paulatinamente el poder de decisión sobre nuestra atención.  Se nos ha ido indicando qué era lo más importante para nuestra cultura y nuestra familia a la vez que nos íbamos convirtiendo en sus súbditos. La generalidad del proceso lo ha tornado invisible, de tal manera que no hemos echado de menos la pérdida del poder sobre nuestra atención.
  Este mismo proceso de convertirnos en planetas de nuestra cultura nos lleva a desconectarnos de nuestra presencia, a olvidarnos de que nuestra existencia tiene sus raíces más allá de lo que nuestro entorno considere importante: es la estrategia de ocultar lo esencial tras lo importante.
  Nuestra educación ha hecho que desconectemos de nuestra presencia y que perdamos el control sobre nuestra atención.  Así se explica que podamos ser manipulados a través de lo que consideremos importante, olvidando que esto no es más que algo específico de una cultura, de una familia y de un momento determinado de nuestra historia. Las personas pueden llegar a matarse por discrepar en lo importante, pero jamás lo harían si se relacionasen desde lo esencial. Por eso, la mejor manera de ir hacia una humanidad de harmonía y de respeto mutuo es recuperar nuestra presencia, que no es más que el anuncio de nuestra esencia, con esta tarjeta de visita no es posible quedar atrapados en el conflicto.
    Una persona que aprende a vivir desde su presencia puede recuperar el control sobre su atención, ya nada ni nadie podrá manipularla, ni ella misma tendrá necesidad de manipular a nadie. Las guerras sólo son posibles si los combatientes han perdido el contacto con su presencia y, por lo tanto, la libertad sobre el manejo de su atención.

Nuestra presencia nos hace los dueños de nuestra atención, a partir  ahí nacemos a nuestra auténtica libertad ...

   Durante años hemos pretendido imponer la atención a los alumnos sin darnos cuenta que esta forma de educar acaba, poco a poco, con su bien más preciado: sentir su presencia. Hemos educado en autoridades a personas desposeídas de su mayor bien, esto les ha hecho desconectar de su propia esencia, de su propio poder: es el ser humano desempoderado … encarnando múltiples papeles de víctima, atrapado en el juicio y las culpas.
    Una persona verdaderamente libre ha de ser la dueña de su atención, cualquier educación que pretenda quitársela está yendo contra su propia esencia, contra su más profundo valor: enseñar a encontrarse consigo mismo, a descubrir los propios tesoros y a sentirse abundante dándolos al mundo.
  Ha llegado el momento de educar potenciando la presencia de nuestros hijos y alumnos, y de que estos puedan decidir libremente sobre su atención. Para ello los educadores hemos de ir en pos de nuestra propia presencia y de recuperar el poder sobre nuestra atención. A medida que avancemos en este camino se irá apagando la  vela de nuestra autoridad y encendiéndose la estrella de nuestra presencia, hasta que nuestra clase y nuestro hogar llegue a ser un firmamento de astros con luz propia.




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